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De Rusia con amor... En el Instituto Leon Tolstoi, se sabe tanto de violines, de astronáutica como se sabe de «rusofobia» o «putinfobia».

Es el centro de encuentro cultural con 78 años de historia de intercambio entre Colombia y Federación de Rusia. Es correa de transmisión para viajes de concertistas y estudiantes. Desde el 24 de febrero de 2022 se vive otra realidad cuando el primer misil auto propulsado se lanzó sobre Ucrania. Con esa explosión, y las que siguieron, sobrevino como respuesta una andanada de reprobación de la opinión pública en contra de Rusia y lo que tenga que ver con ese país. Con todo y el maldecir en redes sociales, en el Instituto se persiste en su misión.

El colectivo responsable del Instituto Cultural León Tolstoi, en Bogotá, se resiste a entregar el inmueble y su historia al imperio de las ausencias. Consuelo Rodríguez, la directora, dice: «Estamos vivos».

1944: Se veía como posible la victoria rusa sobre la Alemania nazi. Por esos días en Bogotá tuvo reconocimiento legal el centro cultural con el apoyo del presidente de Colombia Alfonso López Pumarejo, cuando intelectuales colombianos se propusieron enseñar la lengua rusa, y mostrar la riqueza musical y literaria del pais más grande del mundo, y a la vez, tuvieron la iniciativa de exaltar el talento colombiano. Para la época de la fundación de lo que sería el Insituto Colombo-Soviético era evidente que el país euroasiático se convertiría en potencia mundial.

El Centro Cultural Leon Tolstoi es sobreviente en épocas turbulentas; el final de la Segunda Mundial, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, la Guerra Fría, el Glasnot de Gorbachov, el desgarramiento de la Unión Soviética... Y ahora, Ucrania bajo fuego...

Mientras se trabaja se hace quites a los traspíes que significan las críticas por «la invasión», se hace frente a la oposición radical que llega desde distintos frentes, a los argumentos que ofrece Moscú sobre «la liberación de Ucrania».

Lo mejor es hablar nada más que de la fraternidad sin inmiscuir en política.

La foto de Vladimir Putin se encuentra en lugar preferente de la oficina de dirección del Instituto. Hasta estas oficinas han llegado autógrafos del líder del Kremlim con las que se validan diferentes certificaciones.

Valentina Tereskova, la primera mujer cosmonáuta domina con su foto un rincón de biblioteca. Al fondo del pasillo se hallan centenares de latas circulares con películas de 8 y 16 milímetros. Son cintas que no tienen proyector de cine. Ahí están las proezas de la madre patria, en patrimonio fílmico inmóvil.


 
Efecto Ucrania...

Miguel Angel Gil, pianista colombiano.

Sala de teatro - Instituto Leon Tolstoi




Consuelo Rodríguez, conserva el diploma firmado para ella por Vladimir Putin; es una certificación en la que consta que le fue concedida por el Gobierno ruso la medalla Alexandr Puskin, por su trabajo en el programa de difusión de lengua rusa para niños.

Por instantes las altas habitaciones del Instituto son morada de tiempos estancados. En contracorriente, Miguel Ángel Gil, se sienta al frente del piano. El concertista colombiano interpreta de memoria: Tocata y Fuga de Bach. Se despliega desde el teclado ese arpegio imponente que durante diez minutos se posesiona del ámbito en un concierto solitario y envolvente. Para Miguel Ángel Gil y su hermano Felipe, quienes se beneficiaron de becas de estudio en la Unión Soviútica y fueron acogidos en Instituto Mussorgsky de Ekaterimburgo, en donde hicieron sus estudios superiores en música, hacer sonar aquellos pianos significa una forma de memoria testamentaria.

El intérprete bogotano recuerda sus novatadas en Rusia, sus caminatas inseguras en las que resbalaba sobre las gruesas capas de hielo invernal de las calles moscovitas. Lo dice en ruso, luego lo explica en castellano. Vuelve a las notas que se despachan desde el piano que regaló el gobierno soviético. En total llegaron tres pianos desde la Unión Soviútica signados por el programa de Amistad de los Pueblos que cumple cuarenta años.

Consuelo Rodríguez, quiere hablar de León Tolstoy y de lo que representa su obra como pacifista. Quiere expresarse sobre la cultura como valor eterno. Son las 4:00 p.m, no ha almorzado, mientras busca una empanada habla: «Ojalá que este conflicto se acabe pronto».

«Desde que empezó la guerra en Ucrania, mucha gente ha dejado de venir». Dice Miguel, el maestro pianista. Mientras el pianista siente que el interés en universidades y colegios por los asuntos culturales de Rusia ha descendido, Consuelo tiene otra visión sustentada en su persistencia.

La administradora hace un extenso inventario de las realizaciones durante la pandemia Covid 19. Ella no se arredra, «aquí somos optimistas». Cita con orgullo los conciertos con Universidad Sergio Arboleda, dirigidos por Felipe Gil, habla de cómo se hicieron las clases virtuales de ruso y de arte dramático.

La directora pega un afiche en la puerta. Anuncia la presentación de una joven violinista Mariana Atria, quien a los 17 años ha actúado en el Scala de Milán. El precio de entrada es de cinco mil pesos. La artista tendrá la oportunidad de mostrar las audacias armónicas de Brahms, Stravinsky, Wieniavsky y Paganini.

Rusas y ucranianas: compañeras de trabajo ...



En el patio del Instituto Cultural Leon Tolstoi está una mesa larga, cubierta con mantel rojo. Desde el mueble tantas veces hizo presencia Gilberto Vieira líder perpetuo del partido comunista colombiano. La mesa es recuerdo de vivencias del género discursivo leninista y de las proclamas de la revolución bolchevique.

Ha sido un trabajo de doble vía en asocio con la embajada de la Federación Rusa, con lo que se ha facilitado el viaje de centenares de nacionales que han ido a estudiar música y medicina. De igual forma llegan profesores rusos a Bogotá, «Con nosotros está Irina. Tenemos a una profesora rusa-ucraniana. Somos hermanos. Rusos y Ucranianos son eslavos, tienen el mismo origen. Este es un enfrentamiento fratricida», dice la directora del Istituto.

La foto de Stalin en facsímil de periódico en un muro, es el recuerdo del final de la segunda Guerra Mundial que en Rusia se llamó «La gran Guerra Patria». Al fondo de la casa, en lo que antes fue un solar, se construyó la sala de teatro con capacidad para ciento cincuenta personas. Dos actores ensayan.

Consuelo Rodríguez, toma nota y explica con jovialidad a los interesados sobre la convocatoria para becas en todas las carreras; pregrado, posgrados, maestrías y doctorados abiertos colombianos que deseen ir a estudiar Federación de Rusia... Es noche en Colombia. En Ucrania: Luganks, Donetsk, Mariupul, están bajo asedio...



Valentina Tereskova, primera mujer cosmonauta Centro de Formación musical
La bienvenida con el pan tradici{on rusa Mural de Fernando Oramas
Marx y Engels, inspiradores de la revolución rusa


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