Nacido en el Callao, el peruano forma parte del voluntariado de la Confraternidad Carcelaria en Colombia. Cada martes llega a la Cárcel Nacional Modelo en Bogotá con su grupo, su fin es apoyar a la población condenada a pagar penas dentro de centro carcelario. Su esposa es una fonoaudióloga colombiana que trabaja con él en su labor misionera evangélica en recintos carcelarios. Su principio es en favor de las segundas oportunidades.
La infancia de Jorge Abel Rivera discurrió en un barrio ubicado a cuarenta minutos del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez en Lima.
Su trayectoria es el compendio de trastornos de salud mental, de adicción a drogas y de 23 años de rehabilitación. Rivera se ha constituido en agente de recuperación en jovenes que rehacen sus vidas. Su proceso restaurador lo llevó como formador a diferentes sedes de REMAR en Ecuador y en el continente suramericano, en misiones a Ecuador, Bolivia, Paraguay y Perú.
De sus progresos y la tarea como formador en rehabilitación de Jorge Abel Rivera da testimonio el pastor Miguel Maté quien acompañó todo su proceso restaurativo. «Como voluntario en Remar Quito Ecuador, tuve a mi cargo el Ministerio Carcelario y Evangelismo y otras responsabilidades en el grupo de alabanza» - Precisa Jorge Abel -.
Juventud Marcada
 En su recuento dice: «Mi padre se infectó con el licor». Su madre descubrió en el rincón de un patio, que Abel, el jefe de la casa, bebía a sorbos una botella de Vermut. Al mirar con cuidado la señora encontró una caneca llena con envases vacíos, que confirmó que el esposo, Abel Rivera Seminario, se había bebido a escondidas. El consumo de alcohol terminó en el descuido de los negocios: La venta de los principales activos la camioneta y la nevera, la desaparición de la mercadería de los estantes y las bombillas se fundían sin que las repusieran.
Se marcó el inicio de una nueva vida en que doña Frida Gonzales, su madre, dormiría en un colchón, en el piso, junto a sus cinco hijos en una habitación en casa de su hermana en el El Callao Santa Marina Sur Callao Perú: «Allí pasamos parte de nuestras vidas. Con mi mamita empezamos a salir adelante porque salimos de nuestro hogar destruido por el alcoholismo de mi padre Abel Rivera Seminario».
En la actualidad, Jorge Abel destina un día para dirigirse a su trabajo en colectivo de Justicia Restaurativa. Se encamina a la población penada en Carcel Nacional La Modelo. Deja su pequeño negocio de papelería en el sector de Suba en Bogotá. Va con su grupo cristiano de Confraternidad Carcelaria a adelantar programas de Justicia Restaurativa y a narrar su historia de cambio a quienes están tras las rejas.
Es una historia en 1.49 de estatura y una maciza complexión física. Es un predicador de Jesucristo como su único sanador, «Motivo de mi existencia, sólo en Él podía yo salir de ese tormento de mi pasado que fue una pesadilla». Habla del Pan Vivo, que apareció en su vida cuando los tratamientos psiquiátricos se rendían. Siquiendo el Evangelio, con sentido profético su vida se presenta como el nuevo huerto.
Psicosis y esquizofrenia
En el momento en el que superó las adicciones, sostuvo noviazgo por internet, durante quince años con la fonoaudióloga Beatriz Richard Cuellar. Jorge destinó sus vacaciones en el centro de rehabilitación para viajar a Colombia a visitarla.
«Ella trabaja con niños con problemas auditivas y del lenguaje», cuenta Jorge Abel.
Coincidieron en que ya era el tiempo de justo de conocerse para vivir juntos. Beatriz trabaja con niños con Síndrome de Down, autismo, audio lenguaje. «Ella apoyaba con su voluntariado a la Fundación REMAR. Ahí nos conocimos», dice Jorge Abel. Durante la Pandemia COVID-19, se encontraba en Bolivia y desde allá propuso matrimonio. «Hoy, Beatriz y yo, servimos en la Iglesia Cristiana, Alianza Cristiana y Misionera».
Alucinaciones
En Cárcel Nacional Modelo hombres que cumplen condenas escuchan la historia de Jorge Abel Rivera.
Relata sus visicitudes psicológicas cuando su mirada se mantenía perdida mientras oía reprimendas: «Anda a bañarte». Explica a población reclusa cómo se incrementó su farmacodependencia. Reitera que a veces hablaba consigo mismo y respondía a voces que escuchaba dentro de sí. Manifiesta que escuchaba dentro de su cabeza bufidos distorsionados. «Sentía -dice- en la puerta a gente que preguntaba por mí. "Estando yo solo encerrado en el cuarto, oía voces: "Soy tu padre, que te venció. Soy el diablo"».
Jorge Abel se dirige a los internos en prisión como hermanos. Varios reclusos prestan atención acerca de poderosas fuerzas malignas que tratan de destruir sus vidas.
La vida de Jorge Abel estuvo en búsqueda desesperada. Mientras voces imaginarias laceraban su conciencia quedaban atrás los estudios que empezó en el Seminario Teológico Bautista del Perú y en Seminario Evangélico de Lima.
Sus relatos hablan de miedos infundados que tuvo frente a la gente. Los diagnósticos psiquíatricos lo llevaron a medicaciones cada vez más fuertes hasta que le dictaminaron psicosis, y en tiempo posterior, luego de quince años de tratamiento fue diagnosticado con esquizofrenia.
Jorge Abel ha relatado a su esposa que durante aquella etapa, hacia 1998, vivía en desconfianza permanente.
El espanto de un macho cabrío

Vió en su alcoba a un macho cabrío gordo de una imponente cornamenta. Describe al cuadrúpedo que parecía escapado de un aprisco infernal. Oyó el estropicio de los cascos que atropellaron la madera del armario. Se aterrorizó ante el salto que luego traspasó la pared. Percibió que tras un brincó dejó un olor pestilente en el cuarto. Recuerda que estaba sólo y encerrado y que fue en uno de esos dias en que su madre lo mantuvo con cerrojo en un cuarto vacío y lo puso a dormir en el piso, sin colchón, acostado en una sábana. Era un castigo a ver si cambiaba.
Escuchó voces que le decían: «No vas a sanar nunca». «Cuando un diablo se hace presente apesta con olores» -Dice-
Estaba encerrado en sus pensamientos alterados y en ruptura familiar.
El consumo de droga y alcohol, marcó la ruta. Durante años de prolongada crisis, también se convertiría en trabajador fuerte. Su motivación fue conseguir dinero para comprar las sustancias de sus adicciones. Se desempeñó en varios trabajos. En Jorge Abel Rivera se sobreponían capas de alucinaciones auditivas e ideas delirantes. Aun así consiguió ser Auxiliar en Topografía y expendedor en una estación de servicio de gasolina. Según lo cuenta, separaba el dinero destinado a sus psicoactivos y al alcohol, y en otro cajón, guardaba los billetes destinados a su manutención.
Llevó, según lo narra, la doble vida: vida de adicto y de trabajador. Su mayor desconcierto fue cuando las imágenes que veía en sus delirios las encontró en libros.
Un remedio peor que la enfermedad
Jorge se saturó de temores infundados. «Tuve miedo de mi sombra». Inmerso en alucinaciones diversas: escuchaba voces, sentía olores que le decían, hasta con enojo, que no existían.
En la medida en que su salud cognitiva se atrofiaba y estaba envuelto en las visiones, vinieron los conjuros. En ese momento tenía 25 años: «En la ciudad de Chiclayo mi cuñado, para ayudar, llevó un brujo que me pasó un cuy por mi columna. El hombre trazó un círculo rojo y me dijo: "Tiene susto de muerte"».
Decía que personas misteriosas lo perseguían y que lo esperaban en la calle. Su mamá salía entonces a buscar los motivos que lo aterrorizaban. «¡Afuera no hay nadie!»: Le decía al atormentado.
Hubo semanas en que estuvo seguro en que su vida no daba más.
Jorge Abel con una vida interior desgarrada buscó una solución mas complicada: Drogas. «Toqué fondo, consumí "perico" o cocaina durante seis años»: Sostiene Jorge Abel Rivera. «Cuando ya el último psiquiátra me dijo que mi problema o enfermedad no tenía cura, fue un énfasis que de por vida iba a estar enfermo y que debía de por vida depender de farmacos - que ya no hacían efecto en mi -; por ello empecé a consumir cocaina, y a veces pasta básica. En esa etapa había dejado los estudios teológicos».
Su sobrino Christian lo llevó en Chocica, Perú, a la Casa de Rehabilitación de Primera Fase de Remar: «Llegué hecho un cadáver como drogodependiente, al principio fue terrible el síndrome de abstinencia y la ansiedad por consumir».
Era 2002 cuando inició su recuperación. Jorge Rivera describe su estado físico en aquel años: «Delgado, con la mente en confusión y miedos, infectado de drogas y farmacos, casi sin dientes, carcomido por los químicos de la cocaina y pasta básica, vestimenta en descuido, sin esperanza de sanidad o de libertad de la adicción».
En sus visitas a la Cárcel Nacional La Modelo en Bogotá cuenta a los reclusos su rutina de recuperación: Leer la Biblia, orar y participar en culto todos los días. «Me cortaron también medicamentos y me pusieron a punta de "oraciclina"», para referirse a la vida espiritual centrada en Jesucristo. «Gracias a Dios, ya pasaron esos dias en que miraba a la gente y me asustaba».
Jorge Abel Rivera buscó seguir un plan de Dios, se asimiló a su heredero y creyó en su sanación sobrenatural: «Pedí a Jesús que me sanara, hasta hoy estoy totalmente sano y limpio de drogas y vicios»...
 Jorge Abel Rivera, con el grupo Confraternidad Carcelaria, luego de su visita a Cárcel Nacional Modelo.
| Noticias Colombia - Texto y Fotografías: Nelson Sánchez A - Diseño: Jeymi Flórez - Contacto: redaccion@noticiascolombia.com.co |
 El pastor Miguel Mate, su mentor espiritual en REMAR, Jorge Abel Ribera, su esposa Beatriz y Naty Mate. |
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Jorge Abel Ribera en sus actividades de Justicia Restaurativa con Confraternidad Carcelaria. (Foto Central) Con Iglesia Alianza Cristiana y Misionera en donde ahora se congrega. (Foto Derecha) En Carcel Nacional Modelo con funcionarios de Inpec junto con sus compañeros del ministerio carcelario.
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