Texto: Zora Pitáková - Especial para Noticias Colombia

Si existiera una escuela del dictador, sin duda alguna, Stalin hubiera sido el más valorado miembro de la academia del siglo XX. ¿Qué dictador no había soňado con ser amado por el pueblo al tiempo que pudiera eliminar todos sus oponentes o todos aquellos que considerara como sus enemigos? ¿Qué dictador no quisiera que lo lloraran millones tras su muerte y que seguirían incrédulos que justificaran o negaran su autoría en las atrocidades cometidas?


Josif Vissarionovič Džugašvili (Stalin) sigue vigente, en el ojo de huracán, odiado por muchos y amado por otros, 63 años después de su muerte.
A pesar de la ardua labor de la organización rusa Memorial en dar a conocer listado completo de sus víctimas - hasta el día de hoy se conoce sólo su cuarta parte, Stalin continua siendo un líder atractivo para muchos – en Rusia está reconocido como uno de los líderes más carismáticos junto a Zar Nicolás II.

Sin importar que Nikita Chruščov, el primer secretario del Partido Comunista entre 1958 y 1964, dio a conocer las atrocidades que cometió Stalin entre los años 1923 y 1953, no ha logrado derribar el culto de su personalidad. “José Stalin ha muerto. Padre, maestro y camarada: quiero llorar, quiero cantar. Qué el agua clara me ilumine, qué tu alma clara me ilumine en esta noche que te vas.” (Rafael Alberti, poeta y escritor español, miembro de la generación del 27)

Según el sociólogo Slavomil Hubálek, señalar la era de Stalin como el culto de personalidad, no es nada más que un eufemismo para una época de terror. A fin a cabo, como dijo el mismo dictador, “La muerte soluciona todos los problemas. Desaparece hombre, desaparece problema”.

Las ideas del cristianismo sirvieron como un campo fértil para el núcleo del socialismo, cuando se refieren a la igualdad de los seres humanos frente a Dios. Stalin, un hábil pragmático, quien estudió en el seminario, aprovechó este elemento para desarrollar su culto de personalidad en la URSS. hladomor.jpg

Las expresiones más fervorosas del amor hacia Stalin se igualaban a la profesión de una religión, recordando procesiones de los íconos medievales; este georgiano brindaba a la población una reverencia sacramental que le faltaba en su vida cotidiana.

Su culto llegó a su máximo resplandor durante las celebraciones del aniversario número treinta de la Revolución Bolchevique, realizada tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, en la cual murieron más de 20 000 000 rusos, en gran parte por la estrategia militar de Stalin, quien siempre ponía por encima de los costos humanos a los resultados.


Deificación de Stalin en los países checos


Tomáš Garryk Masaryk.jpgAntes de la Segunda Guerra Mundial, el primer presidente de la nación, Tomáš Garrigue Masaryk disfrutaba de una gran aceptación y admiración, situación contraria con el culto de Adolf Hitler, impuesto a la población bajo la amenaza de muerte.

Sumada la traición del occidente – cuando Inglaterra y Francia firmaron Pacto de Múnich con Hitler, entregándole deliberadamente una tercera parte de las tierras checas, el culto de Stalin se convirtió en un símbolo significante en la lucha contra el Tercer Reich y funcionó como una brisa fresca entre la población.

¿Quién sabía en esta época sobre el pacto Ribbentrop-Molotov? Nadie. Ninguna infomación que pudiera dañar imagen de Stalin llegaba a Checoslovaquia. ¿Quién fuera de Polonia sabía sobre el genocidio cerca de 20 mil oficiales e inteligencia polacos en Katyn en 1940? Nadie.

¿Quién sabía que mientras Stalin en 1947 enviaba toneladas de trigo a Checoslovaquia debido a las sequías, Ucrania (en esa época parte de la URSS) fue diezmada por una hambruna? Nadie. Por cierto, fue ya la cuarta desde 1922. Debido a la colectivización violenta y economía centralizada que dirigía Stalin, millones perdieron sus vidas – otro de los acontecimientos trágicos que la URSS logró ocultar debido a su manejo de información-.

Además, las élites intelectuales y artistas checos había sido de orientación izquierda desde los años 20 y nunca antes había tenido una experiencia directa con la URSS, por lo cual observaban con interés su nueva constitución de 1934, la cual fue declarada como la más democrática del mundo por parte de Stalin. Lo cierto es que en su forma escrita constituía paraíso en la tierra. Hubo poca información sobre la situación real y sobre las limpiezas políticas, llevadas a cabo entre 1933 y 1934, por eso la URSS era entendida como la luz del oriente. Aquellas personas de la antigua Checoslovaquia que conocieron el ambiente de la URSS antes y durante la Guerra estaban expuestas a la persecución por parte del nuevo régimen, señaladas de traidores de la patria y, en los procesos políticos, condenados a la muerte. Este fue caso del general Heliodor Píka. Incluso, algunos de los altos funcionarios del partido comunista corrieron la misma suerte de Danton quien había representado el lema francés: la revolución se traga a sus propios hijos. Y aunque, hubo un grupo minoritario, el cual estaba desacuerdo con la época, como explica Salvomil Hubálek: “durante los años 50 era delictivo no sólo estar en desacuerdo sino cualquier tipo de la duda era interpretada como traición”.

La policía secreta estaba infiltrada en la vida cotidiana de los habitantes, por lo cual era muy fácil de eliminar cualquier tipo de la insurgencia. Hasta el propio Gotwald temía a Stalin a tal punto que se volvió alcohólico.

Cuando Stalin cumplía los 70 años, Checoslovaquia envió la mayor cantidad de regalos a Kremlin en comparación con otros satélites de la URSS. Asimismo, añadió un libro con firmas de nueve millones checoslovacos para felicitar su cumpleaños. En esa época, los periodistas declamaban con orgullo que Stalin se refería a los checoslovacos con el título honorario mis hijos. Como cumplía el 21 de diciembre, la época navideña fue opacada por las charlas sobre Stalin, los medios de comunicación se dedicaban prácticamente al tema del generalísimo. “Se parecía a una estrella mediática de nuestros tiempos que llegaba a la gente a través de los medios de comunicación” (Antonín Kosman, hisotriador checo). No transcurrió ni un año, desde que Klement Gotwald asumió la presidencia en Checoslovaquia por ser el principal protagonista del golpe de estado en febrero del 48, cuando decidió construir la estatua más grande fuera de la URSS, rindiendo honores a Stalin.

En un gigantesco pedestal de 15 metros sobresalía en la panorámica de Praga una estatua grupal de 17 mil toneladas. A lo alto, medía 15, 5 metros, a lo ancho, 12 y a lo largo, 22. En 1962 fue eliminado. (Museo del Comunismo, Praga – capital de la República Checa). El ganador del concurso obligatorio para los escultores, fue Otakar Švec, un gran artista de la Primera República, quien hizo su concepto bajo la premisa de no ser elegido – fue el único quien presentó a Stalin en un monumento grupal. Debido a las presiones políticas, primero su esposa, Vlasta, y luego el propio autor se quitaron la vida antes de la inauguración.
Lo paradójico es que el monumento fue inaugurado primero de mayo de 1955, en el momento en que estaba claro el futuro destino de la estatua, peyorativamente conocido como la fila para carne, porque Stalin y Gotwald ya habían muerto.

Para concluir el tema tan complejo como es el culto de Stalin, recordaremos las palabras de Milan Kundera de su libro La Broma quien en una frase plasmó atmósfera finales de los 40 y la mitad de los 50, “se trataba de una alegría seria que no permitía ninguna diversión”

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Matanza de Katyn
Chamberlain y Hitler firman el Acuerdo de Munich